Dalamino

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Lo que recuerdo de Baywatch

Quiero hablar acerca de la mejor escena de toda la historia de esta serie que yo siempre he llamado Los vigilantes de la playa, pero que aquí llamaré Baywatch porque es el título original y porque así nos entendemos todos. Puede que se titule Baywatch Sunset, California Baywatch o Baywatch Heat. Pero estoy casi seguro de que era Baywatch a secas. No quiero comprobarlo en wikipedia, solo quiero contar lo que recuerdo.

Pamela Anderson siempre me pareció una especie de pollo alienígena y además nunca aparecía, siempre eran otras. Nunca puse la tele con el propósito de ver Baywatch, nunca vi un capítulo entero. La escena que digo que es la mejor puede que no sea la mejor, digamos que es la única escena que recuerdo. En realidad, tampoco es una escena, solo una piececita. La vi por casualidad, como todo lo que he visto de Baywatch. Y como todo lo que he visto en la tele: no se sabe bien si es por casualidad o a la fuerza. Es lo único que hay en la tele en ese momento y la tele es lo único que hay en ese momento.

Yo paso por la sala, quizá me detengo un momento ante la pantalla, no recuerdo quién está viendo Baywatch, somos muchos en mi familia. David Hassleholf lleva un polo blanco y no está en la playa. No estoy seguro de que se escriba así el nombre. No quiero buscarlo en internet porque exponerme a palabras o imágenes, por fugaz que sea, puede transformar para siempre los recuerdos que tengo.

Dicen que el mero proceso de intentar recordar, adultera los recuerdos.

Pasaba yo por el salón, es un salón-cocina-comedor, y creo que me detuve para servirme un vaso de agua. Y entonces estoy ahí, y alguien más está ahí, sentado, mirando el diálogo entre Hassleholf y un chico, y me detengo unos segundos mirando la escena por encima de la cabeza del televidente sin rostro.

Pero es muy probable que no solo no hubiera nadie ahí viendo la serie, sino que además ni siquiera estuviera la tele encendida en ese momento.

De hecho, ahora estoy convencido de que el que hablaba no era  Hassleholf sino yo mismo.

Sí, ahora lo veo claro, es un diálogo entre yo y otra persona, no puedo recordar qué persona porque somos muchos pero al menos recuerdo que al menos una de esas dos personas era yo. Y mientras me sirvo el vaso de agua y vuelvo la botella a la nevera,  le relato a mi interlocutor sin rostro una escena interesante de los vigilantes de la playa es decir baywatch, pero yo ahí no decía baywatch.

Quizá es el chico el que va de blanco. Es de noche o casi, hay un tejado de paja y palmeras al fondo. Brisa cálida etc. Sí, y están ahí Hasselholf y su hijo. O es su sobrino. Un jovencito bajo su tutela está ahí, y va y le hace una preguntita de cierta complejidad a David, vamos, una pregunta bien dificil. De dónde vienen los niños, nivel experto.

El chaval es adolescente y se supone que debería avergonzarse de mostrar inseguridad, debería desconfiar de los adultos y cosas por el estilo, pero el caso es que intercepta al viejo David cuando este se disponía a salir para su cita nocturna, y le hace la pregunta. Quiero pensar que el joven no es manipulador ni tiene intención de arruinarle la noche a David.

El joven tiene el corazón roto porque lo que iba a ser su primera experiencia sexual, no fue. Da igual si fue el primer rechazo sufrido o el noveno de su vida, fue duro para él. Hay que entender eso. No quiere escuchar una serie de consejos sobre cómo ligar, el joven es consciente de que es un tema complejo y no cree en gurús. Tampoco se trata solamente de expresar su frustración. El chico ha cavilado y no busca compartir penas, busca una respuesta a una pregunta precisa. Su corazón sufre ante la posibilidad de un nuevo rechazo en el futuro y por tanto, derrotadísimo el pobre, se pregunta si realmente merece la pena seguir acercándose tanto a los humanos de sexo femenino, seguir tentando esa frontera de privacidad carnal, o acaso no sería mejor simplemente seguir con sus fantasías a medida y sus prácticas onanistas en soledad, libre de complicaciones. Y eso es lo que le pregunta al viejo David, pero no se lo pregunta así, lo que le dice es: David, ¿todo eso para qué?, mañana saldrás de nuevo, probablemente con otra, probablemente mejor..., para qué sirve todo eso si al final lo que queda es el recuerdo. Para qué si al final lo que queda es el recuerdo. Cuál es la diferencia entre imaginarlo y vivirlo si al final, en ambos casos, lo que queda es solo. Un. Maldito. Recuerdo. Y yo en este blog diré muchas tonterías y contaré muchas mediomentiras, pero juro por mi gloria bendita que eso fue lo que preguntó el joven en un capítulo de la serie Baywatch.

Quiero recordar al joven como honesto pero debemos admitir que mi memoria es poco fiable en cuanto al suelo emocional en el que surgió aquella pregunta. Cabe otra posibilidad: ninguna chica le ha roto el corazón ni tiene miedo a ser rechazado, simplemente está harto de que David le deje solo en casa los sábados por la tarde-noche, incluso experimenta envidia por los éxitos amorosos de su tutor, e intenta con aquella pregunta sabotear la determinación de David y sembrar cierta duda en su estilo de vida.

En ese caso, el que llegaba a preguntarse si el placer carnal compartido merecía la pena, no era el sobrino de David, ni tampoco David, sino yo mismo mientras bebía agua fría a sorbitos y le relataba a alguien ese diálogo.

¿Y qué respondió nuestro David Hassleholf? Eso no lo sé y no creo que importe, porque sea lo que sea no estará a la altura de la pregunta. Pero responderá, eso sí, y lo hará con entereza, con un carpe noctem y un guiño y un pulgar levantado que zanjará el asunto.