Dalamino

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una solución win-win

Y Felipe VI alzó el cetro al cielo y habló así:

He sido visitado por el espíritu de un sabio Rey de la antigüedad, me ha susurrado secretos y ahora yo os traigo la solución.

Los políticos se miraron unos a otros con encogimientos de hombros y caras de desconcierto.

Vamos a partir el territorio nacional en partes iguales, dijo el rey aunque partirlo no quería.

Seguidamente sacó un mapa de España y con una navajilla lo dividió en 6 cuñas, cada cual más igual a la anterior. Y dijo así:

Tomad una cada uno de vosotros cuatro, este quinto trozo para el resto de diputados, y este último que sobra lo dejamos en barbecho. Dijo eso aunque no era lo que él quería.

Espanna2016.png

Y viendo que aquello no disgustó, añadió: Cada 4 años, en lugar de elecciones ni rituales raros que disturben la paz de mis súbditos y siembren discordia, os turnáis. Muy simple. Además todas las particiones tienen montaña y playa. Es un gana-gana.

¿Os parece bien o qué? hizo esa pregunta el rey.

Y todos los políticos se miraron confusos e incrédulos. Y aprendieron que no era broma ni alucinación. Y les fue entrando risilla y al final se abrazaron y descorcharon botellas. Y festejaron la sabiduría del rey que fue célebre en el mundo entero.

Y Felipe VI se extrañó, porque no era aquello lo que debía suceder según el espíritu del rey de Israel que había aparecido en su sueño. En buscando ganar tiempo pronunció estas palabras: Muy bien, pues por el poder que se me otorga, yo declararé que España se reparta en 6. Quien tenga algo que objetar, que hable ahora o calle para siempre.

Y entonces al fondo del pasillo se oyó disturbio y gritos y se abrió de golpe el portón y entró Bertín Osborne dejando atrás dos guardiaciviles noqueados. Y su imponente figura caminó por la alfombra roja. Y Bertín se postró ante las barbas del monarca y habló así:

Mi lord, no lo haga por favor se lo ruego. No divida a la pobre España. Quédesela usted o incluso déjesela a la izquierda radical si hace falta. Pero por lo que más quiera, respete su integridad.

Y entonces Felipe, que había llegado a temer que ninguno mirara por el bien de la criatura, derramó lágrimas reales porque había encontrado al verdadero pater de la patria y líder biológico de los españoles.